Al que comunica, Dios lo ayuda
Las prioridades de una empresa o institución, aquello que es esencial para funcionar bien o ese estado de las cosas que parece no querer cambiar. Todo ello, ¿son necesidades u oportunidades que pueden resolverse con comunicación?
Tal vez no todo pueda resolverse, dado que la comunicación no es magia, sino una disciplina transversal. Ligada a la bases de un proyecto. Adaptada al tenor del desafió. Técnica y política a la vez. Diplomática si se quiere y ácida si la solicitud viene con esa consigna.
Sin vueltas, la comunicación no es otra cosa que una estrategia al servicio de una causa. Hoja de ruta para producir cambios de opinión y de conductas. Cambios que pueden ser estructurales, de fondo, o sutiles al punto tal de ser imperceptibles.
Sepa estimando lector, que no todos ven a la comunicación de la misma forma. El prisma refleja en apariencia lo mismo, pero cuando miramos en detalle no lo es.
Los clientes pueden no saber de qué se trata, y eso no está mal, pero cuando hablamos de quienes están del lado de la oferta, ahí la cosa abunda. Participan profesionales bien formados, algunos no tanto y unos cuantos charlatanes. Cada cual aplica su receta, y bueno si funciona, vale que aquí no hay queja. Sin embargo hay que saber distinguir que cuando se pone complejo, no obtendrá peras del olmo.
Bien entendida y aplicada la comunicación aporta valiosas capacidades. Comunicación y desarrollo son conceptos asociados, dado que la gestión comunicacional pone en marcha procesos de mejora. La capacidad de análisis es precisamente uno de esos procesos. Claramente esta cualidad no es un bien material, sino un recurso intangible, como lo son el talento y el ingenio.
Todas las organizaciones, de cualquier tipo, aplican niveles superficiales, medios o profundos de análisis. En todo caso dependerá, no tanto del tamaño de la organización, sino de su amplitud intelectual. Ya está demostrado que una empresa pequeña puede ser innovadora y notablemente ágil para adaptarse a los cambios, merced a las capacidades que aportan sus integrantes.
Las cualidades se manifiestan en los actos y se materializan en los resultados. Cuando se plantea un problema o se toma una decisión, activamos mecanismos de interpretación y vinculación que configuran nuestra visión, y como hemos dicho, la amplitud de nuestra visión dependerá de nuestras cualidades. Lo más inteligente, es reconocer en qué posición estamos y si se aprecian limitaciones, incluir miradas que nos ayuden a ser más agudos y resolutivos.
El aporte del comunicador se asemeja al de un psicólogo con su paciente. Explora las capas subyacentes, interpreta desde una posición panóptica y elabora estratégias en función de quienes juegan la partida.
Lejos estamos de endiosar la figura del comunicador. Como ya lo hemos advertido, los hay buenos y malos. El punto es darle la oportunidad de integrarlo a la mesa chica de la toma de las decisiones. Allí es donde puede, si usted se lo permite, convertirse en un influenciador positivo, un agente de cambio al servicio de la compresión y el desarrollo de un proyecto u organización.
En fin, recuerde este artículo cuando no encuentre respuesta a sus problemas y no pierda la oportunidad de valerse de los beneficios de una buena gestión comunicacional. Para ello contrate a quienes mejor puedan atender sus necesidades, y si logré convencerlo y tiene una buena experiencia, sea un buen pastor y ayúdeme a que crezca la iglesia de la comunicación, porque al fin y al cabo…. Al que madruga, Dios los ayuda, ..y al que comunica, también!